Reuniones nocturnas

Me despierto a las tres y media de la mañana, tomo un vaso de agua y vuelvo a acostarme.Parece que el sueño decidió ir a pasear por ahí, porque me ha dejado abandonada en mi cama, sin él.

Y comienzo a pensar en tantas cosas, y entre esas tantas cosas, tenías que estar tú, por supuesto, quiera o no, nunca faltas a mis juntas de pensamiento y reflexión, casi siempre eres el primero en llegar.

Me asusta pensarte tanto, me prometí no involucrarme demasiado contigo, pero no se me permite, mi naturaleza no me deja no hacerlo con personas como tú, que llegan con esos ojos y deciden que van a quitarme el sueño por las noches.

No deberías estar aquí, por favor, vete, porque si no, mi mente va a empezar a reclamarte cosas que no tiene por qué reclamar, y sólo voy a torturarme con todos tus defectos, con todo aquello que no quisiera que existiera en ti, pero que seguramente, sin ello, no me hubieras atrapado como lo has hecho.

Cómo te digo que ya no quiero que vengas a las reuniones, cómo te digo, que ya no quiero sentirte, que ya no quiero sentir esto, porque, por más que lo intenté, no pude, no pude no involucrarme, una partesita de mí ya se fue contigo, y la quiero de vuelta, porque la tienes muy maltratada, y sí, ya sé que es muy masoquista, la pobre no sabe lo que hace, y no puedo permitir que la sigas dañando, así que, por favor, devuelvemela.

No puedo regresar personalmente por ella, porque, seguramente, también voy a quedarme ahí, y ese no es el plan. Dile que en realidad no la quieres ahí contigo, dile que te la llevaste sin querer, estoy segura de que lo entenderá, no es tan terca, ya le ha pasado antes, no se le ha olvidado, bueno, al parecer sí, un poco.

No estaría tan inquieta si ella me mandara cartas diciéndome que todo esta bien, que es feliz como vive ahí contigo, pero no es así. Lo único que me dice es que, le duele ver cómo no te importa lo mucho que tú sí a ella, por que de alguna manera, después de todas las cosas que han pasado y de tanto convivir contigo, aprendió a quererte, y quererte no le hace bien.

Empieza a plantearle que tiene que regresar, porque tenemos muchas cosas que hacer, juntas. Si ella se queda contigo, va a ser muy difícil seguir mi camino.Gracias. Fin de la sesión.

Lápices de colores

¿Qué forma tiene?, ¿Es palpable?, ¿A qué sabe?, ¿Pica?, ¿De qué color es?, ¿o es invisible?, ¿existe?

Todos hemos escuchado hablar de él, muchos aseguran tenerlo. A ése, el protagonista del 14 de febrero, inspirador de la poesía, al que le encanta regalar chocolates, flores  y osos de peluche, el causante de la mirada perdida y los ojitos brillosos, el de los besos bajo la lluvia, ése, el que es medio bipolar, creo que vive en roma o uno de esos lugares, se llama algo así como horror, hedor, alcoh… ¡ah! amor.

Hay muchos tipos de amor, pero ese en especial, creo que es muy escurridizo y además muy escaso, ha de estar en peligro de extinción, porque dicen que es muy raro encontrarlo.

Sé que hay muchas imitaciones, hay quienes dicen poseer un poco de él y que pueden compartirlo contigo, pero nunca confíes demasiado, es muy fácil replicarlo.

¡Claro! Ahora recuerdo por qué me sonaba a «alcohol». Esto es porque, ése, el falso, actúa como el alcohol adulterado, pareciera ser el auténtico, pero un momento después, te deja tirado llorando. Algo de eso me han contado, por no decir que, en mi búsqueda, lo he experimentado. Pero, personalmente, soy de las que decide arriesgarse. Soy de esas personas que dice “chingue a su madre”, si no lo pruebas, ¿cómo vas a saber si es el original o no?, aunque, hay gente, que ni por la presentación en la que viene, se da cuenta.

Parece ser que, sí, definitivamente hay infinidad de presentaciones, y es por eso que es más difícil identificarlo. Unos lo describen como intenso-suave, áspero-liso, dulce-amargo, salvaje-tierno; se los dije, es bastante bipolar.

Pero, tal vez, no se puede definir como un conjunto de palabras,me parece mucho más complejo que eso, a mí me gustaría definirlo como: una gama de lápices de colores. Sí, algunas son gamas muy extensas, otras muy pequeñas, de colores más cálidos o más fríos, algunos más chillones o intensos que otros, muy quebradizos o muy resistentes.

Mi gama de lápices de colores aún no está completa, o parece que no he acomodado los colores en el orden correcto, eso sí, los estoy fabricando con los materiales más originales y resistentes posibles.

Supongo que va a llegar alguien a completarla y ayudarme a ordenarla, y es entonces cuando se forma ese…amor. Pero, por el momento, no muchos han llegado diciéndome: “Hey, ¿te hacen falta colores? Yo quiero compartirlos  contigo”, y si lo hacen, no entran en mi gama, o,  simplemente, sus lápices no colorean como yo esperaba que lo hicieran. Y bueno, yo tampoco comparto mis colores con todos, luego los pierden, los rompen o… se los acaban.

Y no es que me urja conocer a ese amor, pero muchos lo presumen tanto, que quisiera saber si enserio es tan majestuoso como dicen. Por el momento, soy feliz con el amor del ADN, el de la amistad y el propio. Con respecto al otro amor, pues, es bienvenido cuando quiera.

-Salma Ramos-

Olla de vapor

Como un limón. Pero de los más secos, ¿sabes?, de esos que exprimes y no les sale ni una sola gota de jugo, todos los gajos salen, pero sin agua, ni una lágrima, de esos limones que lastiman, que queman. Porque hay limones, que suelen tener un toque de dulzura, y les sacas mucho jugo, lo expresan todo, lloran mucho. Yo, soy como el primer limón, parece que vengo de un largo viaje, estoy magullada, golpeada, como los limones que apartas en el súper porque sabes que serán ácidos, que tus muecas con ese limón no serán divertidas.

Me siento tan amarga, hace tanto tiempo que no me sentía así, de hecho, creo que nunca me había sentido así. Estoy llena de ira, enfermo de cólera, tiemblo, la olla de vapor me queda corta, me quemo, se sienten los latidos en la garganta, en el pecho, en el estómago, en todos lados. La piel de gallina, la siento venir, ahí viene… aquí está. Ahora entiendo aquel: “Estoy ardiendo de coraje”, jajá, sí existe.

Mi respiración es rápida, trato de sonreír, me miro en el espejo, pero mi sonrisa no es dulce, pues parece que Maléfica me estuviera mirando. ¡No puedo llorar, maldita sea! .Y aprieto los dientes, las mariposas de mi estómago arden, revolotean por todos lados, rápido, para un lado, para otro, no saben qué hacer. Sabían cómo se sentía estar triste, feliz, emocionadas, enojadas, pero no furiosas, no de esta manera.

¡¿Por qué no le hice caso?!. Mi sexto sentido lo sabía, lo veía venir, me lo dijo muchas veces, pero lo ignoré, quise creer que no era cierto, que tal vez el sexto sentido ni siquiera existía, no quería que existiera; no lo supe utilizar. Y ahora me está diciendo: “Te lo dije muchas veces” y yo le grito: “¡No las suficientes!”, me responde tranquilamente diciendo: “No me culpes a mí, el revoloteo de tus mariposas era tan fuerte, que no te dejó escuchar, no con claridad”.

Me arriesgué demasiado; hay cosas, situaciones, por las que vale la pena arriesgarse, pero esta no era una de ellas, ¡Puta madre, no valía la pena!.El final nunca se vio prometedor, ni el más ligero olor, sabor u oleada del “final feliz”. Lo sabía y me negué a aceptarlo, siempre creí que sería lo suficientemente astuta para saber cuándo parar, en dónde poner la cinta que marcara el límite. Pero se me acabó la cinta, así que nada me marcó el alto, ni los gritos de mi conciencia, ni mi sexto sentido, nadie, nada.

Yo solo tengo una cosa que decirte: “Vete a la mierda, húndete en ella, abrázala, siéntela, saboréala, huélela; Yo ya la conozco. Huele a ti, sabe y se siente como tú».

-SR-

A la chingada

Estaba a punto de acabar mi conversación con él,  me había hecho sentir algo así como plato desechable, pero aún lo quería, así que no me nacía ser grosera. Él me dijo: “Hasta pronto”, pero yo no sabía si decirle “Hasta pronto” o “Adiós”. No sé si quería volver a verlo tan pronto, pero mandarlo con Dios se me hacía muy lejos. Aunque verlo pronto significaría torturarme más, así que decidí decirle “Adiós”. Así lo mantendría a distancia, mis sentimientos se aclararían y mi mente se despejaría. Vamos, yo se que ir con Dios está lejos, pero lo mandé con Dios, digo, ¿está bien no?, malo que lo hubiera mandado a la chingada, también está lejos, y por lo que me han contado, ahí si está feo.

-SR-

Los cristales, las voces, la verdad.

Me hablaron mucho. Había tanto en ellos; cólera, tristeza, alegría, pasión, pero lo que más me llamó la atención era su brillo inigualable. Escuchaba una voz alrededor, muy insistente, parecía que se dirigía a mí, pero ellos me tenían atrapada, no escuchaba lo demás con claridad. Así como los escuché, también los observé.

Tenían muchas heridas, demasiado profundas para ser tan jóvenes. Eran pequeños y estaban custodiados por unas cortinas con plumas negras en sus puntas, que se cerraban y abrían cada cierto tiempo; procuraban protegerlos. Procuraban distraerme con su constante abrir y cerrar, no querían que averiguara qué había en ellos, pero ellos me gritaban. La voz lejana seguía insistiendo, pero no alcanzaba del todo a mis oídos, ellos hablaban más fuerte.

Me contaron todas las veces que sonrieron, todas las veces que no durmieron, que se salieron de su órbita, todas las veces que se ahogaron en agua salada. Dijeron que era lo peor, que el agua salada los hacía sangrar demasiado, que cuando empezaban a sangrar, el agua paraba y se quedaban secos, y ardía, ardía mucho porque ya no había agua que apaciguara el dolor.

Pero hablaron de más. Por eso me di cuenta de cosas que no debía saber, cosas que a ellos no les tocaba contarme. Los amé demasiado y los odié mucho más.

De repente, la voz me alcanzó, me despertó. Y entonces le dije a él: “Cuando quieras decir una mentira, nunca dejes que te vean a los ojos, son muy chismosos”. Me fui, y  los míos también conocieron la sensación de ahogarse en agua salada, también sangraron, pero no sólo ellos, aquella bomba latente que vive dentro de mí, se desangraba, moría. Los maldije tanto. Ahora entiendo por qué el gato murió, no murió por curiosidad, unos ojos le hablaron, y al igual que yo descubrió cosas que lo mataron. Pero insisto, no murió en vano, no murió como un tonto, no murió engañado, murió sabiendo.

-SR-

La espuma

mar 2Regresé, y aun seguía peleada con el mundo,en especial con la brisa de aquel lugar,con la textura de su arena y el rugido de su mar.

Sentada en aquella arenilla de color marrón claro con pequeños destellos de oro, me preguntaba si podría encontrar consuelo en el sitio que me quitaba el sueño, aquel protagonista de mis pesadillas. Quería separarme de todos, olvidarlo todo, no saber nada; porque todo aquello me lastimaba, me hacia pedazos, tantos, que podría haberme fusionado con la arena. Sólo buscaba encontrar la manera de desprenderme de aquella punzada en el pecho, que por cierto, parecía eterna.

Levanté la cabeza y ahí estaba, el monstruo al que mas le temía, el que me robó todo. Y de pronto, parecía que el propio mar resbalaba sobre mi cara, igual de salado, igual de abundante, igual de infinito. Después de un largo rato, todo se calmó, me calmé, escuché a las aves y parecía que el rugido de mi monstruo ya no era tan impetuoso, lo observé y me di cuenta de algo. Algo aparte de mi quería separarse de él; la espuma. Cada que una ola golpeaba, la espuma se deslizaba hacia la arena, intentaba escapar, pero no sabía que, si separaba de él, no se encontraría con nada más que la muerte.

Y ahí estaba la respuesta. No podía escapar del dolor porque ya era parte de mí, y si intentaba matar esa parte de mí entonces yo moriría también, porque el dolor te hace recordar que estás vivo, vivo a pesar de él, solo debía asimilar que este sería mi nuevo acompañante de vida, y no era tan malo. Al fin y al cabo, dicen que el dolor te hace más fuerte, y si el dolor es muy grande, la fuerza que ganas es el doble. Bueno, entonces yo soy invencible.

Mientras me retiraba, el mar me dio un beso en los pies, hicimos las paces. Volteé hacia atrás y la espuma aún quería librarse del mar,qué tonta; ¡Pero qué digo yo!, si alguna vez fui la espuma.

-SR-

Para siempre

Soy…fui Valentina, nací con un extraño defecto: mi corazón envejecía 
d
emasiado rápido, él tenía setenta y cinco años, yo, sólo dieciocho.

Era alta, cosa que no me gustaba tanto porque la gente siempre decía: “¡Que alta! Y todavía te hace falta crecer más!”, no sé qué era lo que más me molestaba, el hecho de que me vieran como un monstruo gigante o  el “Y todavía te falta crecer”, porque tal vez no lo haría, porque simplemente no me quedarían mas días para crecer. Siempre fui muy delgada, aunque mis brazos siempre se veían fuertes, tenía pelo castaño, obscuro y lacio que acariciaba mi cadera, ojos marrón obscuro, pestañas largas y ceja poblada. Pero no se emocionen, era tan achacosa como una anciana. Tenía diabetes, hipertensión, artritis, y obviamente, no podía tener impresiones muy fuertes, porque era propensa a un infarto; no conocía la libertad, era esclava de un corazón caducado. Según la gente, campeones nacionales del chisme, no me quedaba mucho tiempo. Dejé de estudiar porque mi madre me lo impidió, mi memoria no ayudaba, mi vista tampoco y escribir era un verdadero reto, pues de tanto, sentía mis manos explotar, ya saben, la artritis. Todos los días iba a la playa, me ponía mi bikini azul marino, porque eso sí, mi piel lucia  como la de una joven, la cuidaba demasiado, si en realidad era una anciana, no quería parecerlo. Me encantaba sentir la brisa, el agua tocar mis pies y el sonido de las olas… !Ah! Melodía que tiene por apellido autenticidad, nada puede igualar tan hermoso sonido. Siempre me preguntaba si era la última vez vería a las gaviotas y ese cielo pincelado de color naranja y rosa. Eso era lo que más disfrutaba hacer, bueno, y bailar. Aunque ya no podía hacerlo como antes, y era lo que más me dolía, no rendía igual, me cansaba pronto, mi elasticidad se estaba acabando y me costaba respirar, mi vida era una mierda, lo pensé durante mucho tiempo. Pero un sábado todo cambió. Fui al bar “Sífilis” con mi mejor amiga Ven, en realidad es una abreviación de Venecia, y vaya que le hacia honor a su nombre, era realmente hermosa.

Bailamos un buen rato y después nos sentamos en la barra, porque para mí era un verdadero desafío bailar más de una hora. De pronto sentí una mirada especialmente fuerte, voltee, y lo vi. Ojos color miel, pelo castaño, tez morena clara y una sonrisa increíble, todo él era pecado, un pecado ser tan guapo, era realmente imponente, le rogué a mi corazón que siguiera trabajando pues temí infartarme en ese momento. Me sonrió, le sonreí, se paró y caminó hacia donde estábamos Ven y yo, y me dijo “Hola”, fue lo que leí en sus labios borrosos, porque un segundo después, estaba saludando al suelo. No crean que me desmayé por él, fue el humo del lugar y el cansancio que me había provocado bailar tanto, supongo que entre él y Ven me sacaron de ahí. Mi amiga, que ya estaba acostumbrada a este tipo de cosas, sacó el alcohol y algodón que siempre que salía conmigo cargaba en su bolsa, y entonces volví.  Estaba muy asustado, se ofreció a llevarme a mi casa en su carro y…acepté demasiado fácil. Antes de que entrara a mi casa me dijo “te veo mañana a las 5 en la cafetería del Boulevard”, y se fue.

Mateo Alcántara, se llamaba. Me platicó de él, me dijo que era músico, tocaba la guitarra, el violín y el saxofón. Le platiqué de mi situación, asombrosamente, pareció no importarle demasiado. Hicimos buena química, salimos durante aproximadamente un mes y me di cuenta que aquel hombre había llenado de color la vida que durante muchos años fue demasiado pálida. Pero para no hacérselas larga, (aunque en realidad es una historia muy corta) poco tiempo después me pidió que fuera su novia, y cómo negarme.

Una tarde, después de tanto platicar y de dejarme la boca tan roja como un arándano me dijo: “Adiós”,y yo le respondí: “No, Adiós no. Adiós es para siempre”, el sonrió y me dijo, “Hasta pronto”.

Los recuerdos vuelven a matarme, así que prefiero acabar con esto.

Una noche de septiembre, estaba sentada en el alfeizar de la ventana entre sus brazos; haciendo un esfuerzo por respirar, le dije: “Adiós”, él, asustado respondió: “No, adiós es para siempre ¿recuerdas?”, asentí con la cabeza le di un último beso, sonreí, y con una lágrima de triunfo, le dije:”Adiós”.

-SR-